25/9/09

mostros


1. hombre lobo

Estábamos en lo profundo del bosque, a la luz de la luna llena: él, un hombre lobo; yo, un sujeto vulgar. El pánico me paralizaba. Sólo se podía oír el ruido de la maleza sacudida, rota al paso veloz de la bestia que, acicateada por el hambre, corría desbocada hacia mí, babeando. Y ya el pestilente olor de su aliento se cernía sobre mí cuando súbita se detuvo. Silencio. Olfateó el aire con premura, se acercó a un árbol, levantó una de sus patas traseras y orinó. Pasó un buen rato rascándose las pulgas, y finalmente se fue persiguiendo una luciérnaga.

2. vampiro

La suerte estuvo de mi lado: recién salía de la pizzería. Él se me acercó al amparo de la noche, suponiéndome desprevenido. Oculto como una sombra, como el susurro de un misterio, me habló palabras hipnóticas y me tomó por el brazo. Cuando quiso morderme solté (por casualidad, tal vez por miedo) un pedo grueso, trepidante, largo. El ajo vaporizado de las pizzas alcanzó sus fosas nasales. Se convirtió en cenizas y desapareció en el viento.

3. la momia

Salió de su tumba removiendo el polvo de los siglos. En cuanto pudo hacerse alguna composición de lugar, no dudó en seguir el compás de los avisos clasificados buscando trabajo y alojamiento. Por supuesto: consiguió un excelente puesto en el museo (como si alguien fuera a competir con ella); por una cuestión de presupuesto le alquilé parte de mi casa. Todavía no se ajusta a las comodidades de la vida moderna. Nunca la encuentro cuando se acaba el papel higiénico.

4. Frankenstein

El Doctor Frankenstein había trabajado arduamente, repasando hasta la obsesión todos los detalles. Pero el agotamiento no se impuso: la noche era la indicada, así que el experimento se llevó a cabo. "¡Está vivo!" gritaba extasiado, y la criatura se levantó. Lamentablemente, el Doctor no había tenido en cuenta la calidad y la importancia de la sutura y los tiempos de cicatrización; utilizó, sin pensarlo, un hilo quirúrgico autodegradable. El engendro se paró sobre sus pies y, un momento después, se desmoronó en pedazos.

5. zombi

Escapó del cementerio por negligencia de la administración. Deambuló por las calles hasta bien entrada la noche, empujado por el hambre feroz. Se encontró a la Señorita Nelly – soltera, jubilada, setenta y pico de años – cuando cruzaba el parque; la anciana volvía a su casa después de una sesión extendida de té canasta con las amigas del "Club Social de la Tercera Edad". Nelly iba con su andador: una suerte de corral con cuatro patas. El zombi la persiguió vertiginosamente, alentado por la seducción del alimento al alcance de la mano, durante ocho cuadras… sin alcanzarla. Lo encontraron a la mañana siguiente rascando la ventana del patio de la Señora Nelly, buscando una entrada a la casa se había extraviado. Escarchado por la helada, todavía hambriento, sólo quería volver al cementerio.

6. fantasma

Abrí el espejo del botiquín y me encontré con la cara de mi madre putrefacta, llena de gusanos y raíces de plantas que entraban y salían por los orificios de la nariz y la boca, la mirada torva y apagada, con un tono verde mortecino en la piel. "¡Basta Cholo! - dije en voz alta y clara - me tenés podrido con la escenita de mi mamá muerta". La cara de mamá se transfiguró y desapareció inmediatamente. "Dejame sacar las pastillas que me voy a dormir, mañana madrugo". Por el resto de la noche no volvió a molestar.

7. invasor

El chico no tenía conciencia de haberse perdido, y no sabía nada de su madre preocupada, a esas primeras horas sin luz, mientras su hijo seguía en el bosque... el chico perseguía al perro que ladraba y corría desbocado. Buscaban una pelota perdida. Treparon una suave colina con la esperanza de encontrarla. Del otro lado de la cima, subiendo casi al mismo tiempo, surgió la nave eclipsando la luna. Un haz de luz amenazante se proyectó, desde la máquina inverosímil, sobre el chico y el perro. Ninguno se asustó. El perro redobló los ladridos y el chico descargó tres o cuatro disparos de gomera. El aparato volador vaciló, emitió unas toses cansadas y soltó un par de columnas de humo. Derivó sin rumbo tres o cuatro kilómetros y se desplomó entre grandes explosiones.

8. mutante

(interpretado por locutor comercial, muy excitado y a voz en cuello)
“¿Las pulgas del perro arrasaron con la cochera? ¿Ya no sale al jardín por miedo a perder una pierna en las garras de las hormigas? ¿Los desechos tóxicos transformaron a las orugas en tanques de guerra? ¡No se preocupe más! ¡Ya llegó el nuevo "Flit Anti-mutantes"*! El principio activo del nuevo "Flit Anti-mutantes"* es más poderoso gracias a su nueva fórmula desarrollada en el MIT, ataca directamente las alteraciones en la cadena genética, acaba con todo tipo de mutágenos y combate incluso las transformaciones espontáneas debidas al efecto retardado de las toxinas radioactivas. ¡No deje de disfrutar la vida al aire libre! ¡No se preocupe más por esas avispas de cuatro toneladas! ¡¡¡Compre YA el nuevo "Flit Anti-mutantes"* y olvídese de los bichos del siglo XXI!!!”

*(Para utilizar el nuevo "Flit Anti-mutantes" es necesario equiparse con el correspondiente traje aislante anti-radiación, mantener fuera del alcance de los niños, no rociar sobre ojos y/o boca, ante cualquier accidente y/o duda dirigirse al hospital más cercano previa instalación del correspondiente escenario de cuarentena, la inhalación del producto provoca la muerte)

9. Minotauro

Respiración pesada, ronca, con resonar de belfo grueso. Teseo, extraviada la espada en una mala maniobra, corría desesperado y al borde de sus fuerzas, manoteando el hilo de Ariadna. Recogía (como gustan decir en la península) “cagando leches”, y el monstruo hórrido y sudado no le perdía pisada. Ya se alcanzaba a ver la salida y el alma del héroe se llenaba de esperanzas, cuando una pesada y poderosa mano lo tomó por los tobillos. Trastabillaron y cayeron con infinitas magulladuras y polvareda. Teseo se vio muerto, tan cerca de la libertad, a pocos metros de la puerta hacia la salvación. Los ojos del toro lo miraron con rumiante fascinación, la mano humana se extendió hacia él, se escuchó la voz inculta del animal: “amigo, perdóneme que lo moleste, antes de salir ¿me convidaría un cigarrillo?” Y con ruido de pedos el bruto cagó sobre el empedrado, como las vacas.

3 comentarios:

Jose Jaime dijo...

hola

bueno, luego del Facebook
esta todo juntos

son muy buenos

un saludo

Monica dijo...

Tu blog es para visitarlo muchas veces y detenerse a leer muy despacio y degustar los relatos.
Me encantó esta serie de monstruitos y las derivaciones de cómo actúan y dónde los llevas.
Manejás el absurdo y la ironía con perfección.
Te agradezco que me hayas permitido conocer tu escritura.
Cariños.
Mónica von Müller.

Setarcos dijo...

Muchas gracias Mónica!